Ser taxista puede ser un trabajo muy estresante. A las largas horas sentado ante el volante, soportando el dantesco tráfico capitalino, se le une la amenaza constante de ser cazado por uno de los numerosos radares y perder una buena ración de puntos. Por ello, no es extraño que muchos profesionales del sector busquen un lugar donde puedan relajarse un rato sin que por ello deban dejar de trabajar.
Leído en El Mundo
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